Ferrol - Historia Urbana
'Historia de dos Ciudades'. La Memoria de Ferrol, entre la Marina de Guerra y la Clase Trabajadora.
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Capítulo 4

Entre la transición democrática y la reconversión naval (y IV)

Las elecciones municipales de 1999 auparon a un alcalde del Bloque Nacionalista Galego, con apoyo del Partido Socialista. El nuevo gobierno municipal diseñaba una novedosa política de reactivación de la ciudad basada en cuatro estrategias. Primero, el relanzamiento de la industria naval y las actividades de servicios en torno a la Marina, que parecía propiciado en el año 2000 por la fusión de los sectores civil y militar de los astilleros públicos españoles, lo que se concretaba en Ferrol en la integración de las empresas Astano y Bazán.62 Además, rumores sostenidos afirmaban que Ferrol podría verse promovida como base naval de la OTAN. En segundo lugar, en 2001 se abría la posibilidad de superar el aislamiento secular de la ciudad, cuando se inauguraban en la boca de la ría las obras de un gran puerto exterior planeado como centro redistribuidor de mercancías para toda la región; al tiempo que comenzaban los trabajos para concluir el último tramo que conecta a Ferrol con la red de autopistas de la Península Ibérica.63 En tercer lugar, se buscaba convertir a la ciudad en polo de servicios y turismo urbano, en torno al conjunto integrado por las fortificaciones e instalaciones militares y el barrio de La Magdalena, ejemplo de 'ciudad de la Ilustración'. Y el derribo del muro del Arsenal sería el punto de partida de un programa para 'abrir la ciudad al mar'.64 En diciembre de 2000 se lanzaba una campaña para solicitar de la UNESCO que fuera declarado 'patrimonio de la humanidad'.65 Y, finalmente, se promovía la renovación urbana, pero al tiempo se intentaba mantener a la población residente, atenuando los procesos de gentrificación. Se ponía en marcha un 'Plan de Reforma Integral de La Magdalena'. Y se planteaba un plan de rehabilitación del barrio obrero de Recimil, acompañado de la cesión a sus actuales inquilinos de la propiedad, hasta entonces municipal.

Hacia 1999-2000, tanto el mundo académico como los mass media comenzaban a hacerse eco de un debate sobre la omnipresencia de lugares de la memoria del Franquismo a lo largo de la geografía española.66 Lo que en último término estaba en cuestión era un juicio acerca de las causas de la Guerra Civil, la dureza de la represión franquista y el 'pacto para olvidar' en que supuestamente se habría sustentado la transición a la democracia. 67 El nuevo gobierno municipal de Ferrol podía así respaldar sus planes de desarrollo en una política de memoria más decidida. En 1999 inauguraban su mandato con una estatua erigida en la Alameda en honor de Camilo Díaz Baliño, intelectual ferrolano que fuera fusilado en los primeros días de la sublevación militar. En las proximidades se inauguraba en 2002 una placa en memoria de las víctimas de la represión franquista en Ferrol. Y finalmente se diseñaba un proyecto de remodelación de la Plaza de España que implicaba la retirada de la estatua de Franco. En su lugar vendría a levantarse el nuevo Palacio Municipal de la Democracia, lo que permitiría demoler el edificio construido por el franquismo en La Magdalena, devolviendo a la Plaza de Armas su trazado original. Tras largo debate, 68 en julio de 2002 la corporación municipal trasladaba la estatua de Franco a un emplazamiento más discreto en el Museo Naval -en el Arsenal, ¡en las proximidades de la Puerta del Dique!-.

Todo esto no impedía que en las elecciones municipales de mayo de 2003 la coalición de izquierdas que había gobernado Ferrol durante los últimos cuatro años perdiera el poder, víctima de sus contradicciones internas, en beneficio de una coalición de derechas. A día de hoy, vuelve a hablarse de demoler el barrio obrero de Recimil, pero el 'Plan de Reforma de La Magdalena' se mantiene; y, aunque se ha abandonado el proyecto de derribar el ayuntamiento, ya no se plantea públicamente devolver la estatua ecuestre a su emplazamiento original. El monumento a Franco, emplazado en un lugar tan relevante como la Plaza de España, no era ya únicamente un símbolo que estigmatizaba a la ciudad y generaba controversia entre las fuerzas políticas y los ciudadanos.69 Era además un emblema de dudoso valor a la hora de atraer una base naval de la OTAN o una declaración de 'patrimonio de la Humanidad'. Parafraseando a Paul Krugman podríamos decir: '¡Es la economía, estúpido!'. También podría considerarse, simplemente, una cuestión de dignidad.

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