Ferrol - Historia Urbana
'Historia de dos Ciudades'. La Memoria de Ferrol, entre la Marina de Guerra y la Clase Trabajadora.
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Capítulo 2

Buscando alternativas a la segregación social y a la dependencia de la Armada (I)

A principios del s.XIX la población de la ciudad cayó en un 50%, hasta algo menos de 12.000 habitantes. La parálisis de la construcción naval se correspondía con la pérdida de las colonias americanas y con las crisis económicas y políticas que afectaban al país. Una nueva fase de recuperación tuvo lugar a mediados del s.XIX, de la mano de la reconstrucción del Estado y del desarrollo de una política naval de prestigio. La población de la ciudad alcanzó los 21.400 habitantes en 1864. Ferrol sufría de la vulnerabilidad inherente a la dependencia económica de la Marina, pero las consecuencias para la población trabajadora se agravaban debido a la segregación residencial. Esteiro se había ido degradando, conforme la crisis de los astilleros dejaba sin empleo a la maestranza. El barrio perdía en la primera mitad del s.XIX casi 1/3 de sus vecinos, mientras su peso demográfico en la ciudad caía del 40% a sólo un 30%.35 La iglesia castrense se trasladaba a las proximidades del Palacio de Capitanía, como también lo hacían las oficinas de Intendencia de Marina, y su personal abandonaba la barriada, de modo que los oficiales de la Armada carecían de razones para visitarla de manera expresa. También cerraba el comercio minorista. Eso sí, se instalaba un cuartelillo de la Guardia Civil, responsable del mantenimiento del orden público. 36

Las reformas urbanísticas en la ciudad (alcantarillado entre 1831-46, iluminación mediante gas en 1847) se concentran en el barrio de La Magdalena, que en 1867 contaba con seis fuentes y un lavadero público, mientras en el barrio de Esteiro apenas sí había dos fuentes en muy mal estado, y sólo una calle estaba empedrada y provista de cañería de desagüe. En 1895 el médico Pastor Nieto describía el barrio como 'el más populoso [...] que cobija en su seno la prostitución desvergonzada y callejera [...] las casas son viejas, húmedas, con escasa luz y nula ventilación [...] sin letrinas en su mayoría y con pozos negros [...] con alcantarillado muy deficiente [...] que tiene todas sus calles, excepción de una, sin empedrado' 37. También subrayaba cómo a lo largo de la última década las epidemias de sarampión, viruela y difteria se habían cebado en Esteiro, sin apenas afectar al resto de Ferrol.

Mientras la ciudad seguía siendo vulnerable a las crisis y el barrio de Esteiro se degradaba, gran parte de la población trabajadora pasaba a vivir 'fuera de murallas', en villas y aldeas del estuario de Ferrol. La práctica de una agricultura a tiempo parcial, la sustracción a los impuestos que gravaban en la ciudad el consumo de productos básicos, y el acceso a vivienda barata y a condiciones de vida más saludables reducían los costes de reproducción de unos trabajadores que se desplazaban a la ciudad caminando o en las lanchas que cruzaban la ría. Sin embargo, la distancia social se reproducía a través de una segregación espacial que pasaba a tomar la forma de la oposición ciudad-periferia. A finales del s.XIX las autoridades municipales intentarán obligar a los obreros que accedían de madrugada a los arsenales y astillero, desde el puerto comercial o desde la periferia oeste de la ciudad, a transitar fuera de las calles centrales de La Magdalena y paralelamente al muro del Arsenal, para que sus voces o el ruido de sus pisadas no molestaran a los vecinos que aún seguían durmiendo.40

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